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Lorena Ochoa: Con una misión

POR BETH ANN BALDRY

GUADALAJARA, México. – Es media mañana en la Escuela de La Barranca, y un grupo de alumnos de primer año suena como si tocaran un concierto privado. Nombran las partes del cuerpo, agitando, apuntando y de paso riendo en la clase.

“¿Saben quién es Lorena Ochoa?”, le pregunta a los niños la traductora que acompaña a la reportera y a la fotógrafa.

“Síiiiiiiiiiiiiii”.

María Elizabeth Espadas Reina, de 6 años de edad y dueña de una personalidad sin inhibiciones, levanta su mano para enviarle un mensaje a Ochoa.

“Ella quiere que Lorena le enseñe a jugar golf y a leer”, menciona Carmen Bolio Barajas, quien recientemente fue nombrada directora de la Fundación Lorena Ochoa, la cual aporta recursos a la escuela. De manera breve y concisa, la niña resumió la misión de Ochoa en la vida.

“Toda aquella persona que ha sido exitosa entiende que regresar a los que más necesitan es mejor que ganar torneos”, comenta Rafael Alarcón, entrenador de Lorena Ochoa. “Pienso que Lorena está en esa etapa actualmente”.

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Para entender la manera en cómo una de las mejores atletas de México llegó al número uno del ránking en su deporte, se deben entender las cosas que llenan su corazón. Dios. Su familia. Sus amigos. Los rostros de La Barranca. Y sí, la alegría que trae el ganar títulos en el golf.

“Quiero ser recordada por las cosas que hice fuera del campo de golf”, dice Ochoa, sentada en un carrito de golf en el campo que ella llama su casa, el Guadalajara Country Club. “No por ganar torneos. Eso me queda muy claro”.

Que no se malentienda: coleccionar trofeos, particularmente de mayores, es importante para Ochoa. Pero la tapatía de 26 años no puede hacer eso, a menos de que también pase tiempo con las personas que ama, y repartiendo amor a los que más lo necesitan.

“Para mí, el día perfecto sería ir con los niños, verlos felices, sonriendo y jugando”, afirma la golfista, a quien le gusta ir a La Barranca sin previo aviso, para un partido de baloncesto durante el recreo. “Si no paso tiempo con mi familia, si no estoy feliz haciendo las cosas que me llenan, sería imposible jugar bien”.

Ubicada en una zona marginal al norte de Guadalajara, La Barranca es un oasis de alegría. Los caminos empedrados que llevan a sus puertas están plagados de imágenes impactantes de un México azotado por la pobreza. Es difícil adivinar si esas construcciones desgastadas están abandonadas o todavía sirven de hogar a varias generaciones de mexicanos.

Muchos de sus residentes, que tienen la suerte de tener un trabajo, sobreviven con el equivalente a 5 dólares diarios. Para Athziri Belén Cornejo Miranda, de 9 años, el desayuno en La Barranca es todo un festín.

Ochoa batalló por años para decidir el sentido que debía tomar su proyecto de caridad. Rezó, consultó sacerdotes, monjas y amigos cercanos, para encontrar un proyecto que tuviera un impacto extraordinario. Cerca de 2,000 mexicanos abandonan la escuela cada día, de acuerdo a cifras gubernamentales, y sólo el 31.6 por ciento completa la educación primaria. Uno de cada 10 mexicanos no sabe leer ni escribir.

Para Ochoa, la educación se vio como una opción lógica para empezar.

La escuela está situada al borde de La Barranca de Huentitán, ofreciendo vistas espectaculares. Una estatua de la Virgen está a la mitad del campus. El programa de estudios, del primero al sexto año, difiere de las escuelas públicas tradicionales, usando música, teatro y proyectos manuales como herramientas principales.

“Siempre decimos que ojalá hubiéramos tenido ese tipo de educación. Yo detestaba la escuela”, bromea Ochoa, soltando la carcajada. “La forma en cómo aprenden es impresionante”.

Para el otoño, la Fundación de Ochoa espera iniciar la construcción de una preparatoria, cuyo edificio estaría al lado de la primaria.

También destaca que los padres de los alumnos tienen la obligación de involucrarse en los proyectos de La Barranca. Las madres son voluntarias en la cocina de la escuela, y toman clases de costura y computación por las noches. En el salón de Miguel Ángel Zepeda, los padres deben ayudar con la tarea, mientras que los niños reciben el “encargo” para llenar a sus padres con besos y abrazos todas las tardes.

Muchos de los niños que estudian en La Barranca caminan todos los días a la escuela. Debido a que muchos de ellos tienen problemas de violencia y alcoholismo en el hogar, cada salón tiene asignados dos maestros, un hombre y una mujer, que actúan como buenos ejemplos a seguir en ambos géneros. No es inusual que el gobierno envie a niños con problemas a La Barranca, esperando que su sistema alternativo haga la diferencia.

Cuando era niña, Lorena estudió en colegios privados católicos. Los fines de semana, su grupo iba a zonas marginales de la ciudad a repartir comida y enseñar a la gente a rezar. También, un grupo de 10 niñas se iban cada año en misiones, para pintar iglesias y jugar fútbol.

Ochoa llegó a la LPGA con un espíritu bondadoso, que se ha fortalecido con su ascenso a la cima en este deporte.

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Una gran ayuda para que Lorena mantenga un balance en la gira, es el tiempo que pasa con el Grupo de Estudio de la Biblia (Women’s Professional Golf Fellowship). Cada martes durante la temporada, el grupo se reúne y Ochoa lo considera como una parte importante de su preparación semanal.

“A nadie le importa si ganas torneos y eres la número uno, o si no estás pasando los cortes”, dice Ochoa. “Todas somos iguales y sólo platicamos, nos relajamos”.

Cris Stevens ha sido la encargada del grupo durante 25 años, y ha visto cómo muchas jugadoras le juegan bromas a Ochoa, tanto por su carácter tranquilo, como por su nivel en el deporte.

“Ella es la misma persona en su vida privada y pública, lo cual es un gran logro para alguien en su posición”, comenta Stevens, a quien Ochoa se refiere como su segunda madre.

Ochoa admite que la vida en la gira puede estar llena de celos y momentos solitarios. Es por eso que el apoyo que recibe del grupo cada semana es tan importante. Cada vez que una jugadora que acude al grupo gana un torneo, Stevens les compra un pastel.

“Hubo algunos pasteles este año”, confiesa con una risa Brittany Lincicome, refiriéndose a los ocho torneos que Lorena ganó en el 2007. “Quizá por eso aumenté 10 libras de peso”.

En sus cinco años en la gira, Ochoa ha encontrado varias iglesias a las que le gusta ir, y se “enoja” cuando no puede asistir a misa. La auto-disciplina, sea en un caminar con Dios o el tiempo que invierte en la plataforma, es el ingrediente que lleva a la excelencia en cada aspecto de la vida de Ochoa.

Su caddie, Dave Brooker, está sorprendido por el nivel de energía constante que tiene la mexicana. Comenta que su perspectiva es la misma al inicio de cada evento: “Siento que será una buena semana”.

“Ella es capaz de controlar las cosas mentalmente muy bien”, afirma Brooker, “cada martes es como si ella hubiera descansado dos semanas”.

Antes de comenzar a planear las maneras en cómo mejoraría una temporada que incluyó ocho victorias y su segundo nombramiento consecutivo como Jugadora del Año, Lorena tomó un mes de vacaciones.

Primero, se fue a Vail, Colorado, con 10 amigas, para esquiar por espacio de 10 días. Después, se fue a su casa de playa en San Juan de Alima, en el Océano Pacífico, durante 20 días, y esquió en agua. Tuvo una dieta estricta, corrió por las mañanas, levantó pesas y practicó yoga. No pegó bolas, pero sí hizo secuencias de swings, para desarrollar músculo.

Durante el receso de temporada los últimos dos años, una ultra-delgada Ochoa eliminó el azúcar y rebajó las grasas en su dieta de diciembre a febrero. Su grasa corporal ha bajado de 22 a 18 por ciento, y se mantiene con 130 libras de peso.

Ochoa no iniciará su temporada hasta finales de este mes, ausentándose de los dos torneos de Hawaii y debutando en Singapur, cuando la LPGA celebre el HSBC Women’s Champions. El año pasado, Lorena jugó en 25 torneos, con 21 “Top 10”, y ganancias récord por $4,364,944.

Por momentos, ella lució incansable e imbatible.

Pero Alarcón, un ex-jugador del PGA Tour, se preocupó de que Lorena no estaba teniendo el descanso y la recuperación suficientes. Así que decidieron reducir su calendario del 2008 a 22 o 23 eventos, dándole un par de semanas extras para recargar baterías. Ochoa se lleva ese pensamiento de viaje, recordando de vez en cuando darse tiempo para ella.

“Tengo un objetivo este año, que es darme un par de horas libres”, confiesa la tapatía, “en caso de que quiera ir al cine, leer un libro o descansar, ya que usualmente estoy corriendo todo el día. Voy a cuidarme mejor y a disfrutar más”.

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Cuando Ochoa busca mejorar áreas en su juego, ella apunta hacia la perfección. Ha encabezado las estadísticas de la LPGA en varias categorías, incluyendo greens in regulation, rondas bajo par, promedio de score y torneos en el Top 10.

Alarcón busca mejorar el juego de Ochoa de 100 yardas o menos, específicamente control de la distancia con sus wedges y el putt.

El único elemento que faltó en la campaña dominante de Lorena fue la presencia de una Annika Sorenstam libre de lesiones. Como muchos aficionados, Ochoa quiere ver cómo le va contra una de las más grandes del golf en el 2008.

“Annika va a regresar fortalecida y estará lista para ganar. Respeto mucho eso”, comenta Ochoa, “pero estoy preparada, y me voy a quedar en la cima”.

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Ochoa tiene una motivación adicional para esta temporada, ya que la LPGA vendrá al Guadalajara Country Club de sus amores, para la edición inaugural del Lorena Ochoa Invitational, del 13 al 16 de noviembre.

“No estaba contenta al 100 por ciento con los torneos en la Ciudad de México y Morelia”, confiesa, “me faltaba algo, necesitaba venir aquí, donde todo empezó, poder jugar frente a mi galería y mi gente”.

Ochoa creció en una casa que tiene acceso a la alberca del Country Club. Su padre, Javier, es un agente de bienes raíces retirado, y su madre, Marcela, es una artista plástica. Cuando era niña, Lorena jugaba en las trampas de arena vistiendo su uniforme del colegio, pescaba en el lago del hoyo 11 junto a sus hermanos, y le encantaba saltar descalza de los puentes junto a sus amigas.

A los 6 años, ganó su primer torneo y rápidamente se enamoró de su lugar de juegos, que también era el campo de golf.

“Éramos socios del Country Club, y era sorprendente, una bendición”, afirma Ochoa. “Siempre batallamos para pagar las cuotas, pero mi papá siempre lo logró, con ayuda de mi mamá”.

Ochoa sabe que la mayoría de mexicanos nunca ha tenido la oportunidad de asomarse a un club privado como el Country, mucho menos tener la oportunidad de ser socio.

Hace un año, Alarcón y Ochoa abrieron su primera academia, uniéndola a la primera plataforma pública en Guadalajara. Por ahora, Alarcón hace la mayoría del trabajo, desarrollando los planes de estudio y diseñando la expansión. Estima que el juego crece al menos 10 por ciento cada año, y cree que uno de los motivos es el éxito de Lorena.

En noviembre del 2007, el Grupo Reforma elaboró una encuesta para determinar al Mexicano del Año. Ochoa ganó con 19 por ciento de los votos, seguida por el Presidente de México, Felipe Calderón (11 por ciento) y por Carlos Slim (2 por ciento), este último uno de los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes.

Sin embargo, con la fama de Ochoa llega un cambio no deseado. En la Ciudad de México, no puede ir a ningún lado sin guardaespaldas. Incluso, en Guadalajara, una creciente área metropolitana de 7 millones de habitantes, Lorena lleva un chofer cuando sale de un radio de tres cuadras en la zona financiera.

Pero Ochoa no permite que desaparezca el sentido de normalidad a la hora de las relaciones, sea de amistad o cualquier otra. Ella terminó su relación sentimental de un año en noviembre del 2006, y se mantuvo soltera todo el 2007. Y siempre ha dicho que guardará los palos de golf cuando sea tiempo de iniciar una familia.

“No tengo mi vida planeada. Sólo estoy segura de que no jugaré golf para siempre. Podrían ser tres años, podrían ser siete. Espero que Dios tenga un buen plan para mí”, dice.

Por lo pronto, los estudiantes de La Barranca definitivamente lucen como un buen inicio para los planes de Ochoa.

• Comprometida con la expansión del golf

Traducido por: Luis Alejandro Hernández es el reportero de golf para el periódico El Informador, un diario publicado en la ciudad de Guadalajara.

Hernández nació en Guadalajara, y se graduó en 1998 de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), con un título en Comunicaciones.

Su trabajo también ha sido publicado en Grupo Reforma (Guadalajara, Ciudad de México y Monterrey), Periódico Frontera (Tijuana), y varios medios dedicados al golf, como son el portal Infogolf (golf.com.mx) y Caras Golf (la revista más importante de golf en México).

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Diana Rodriguez y Mari Ani Camchong, empleadas de Turnstile Publishing Co., también contribuyeron con esta traducción.

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